sábado, 9 de diciembre de 2017

WIEDERSEHEN IN BERLIN, Mascha Kalèko



Reencuentro en Berlín

Berlín, en marzo. El primer viaje a Alemania,
desde que fui desterrada hace mil años.
Veo la ciudad de una otra forma,
así con la guía en la mano.
El cielo es azul.  Los abetos escuchan en silencio.
En Steglitz, un pájaro me habló ayer
en Schlosspark. Él me reconoció.

¡Y de nuevo me despiertan los gorriones berlineses !
Me encanta ese tono marcado.
Los escucho cada mañana arañar mi ventana
en el Ku-dam en el jardín de la pensión,
Me pone contenta, como manda la antigua tradición,
justo como entonces estos gorriones
se empapaban de mi trabajo diario.

Ya está oscureciendo. Verde brota el cáñamo.
¡Hoy olía a primavera en Grunewald!
El primer pájaro carpintero toca la corteza de abedul.
Ahora silba el viento del este desde el último rincón.
Y todos me preguntan qué me parece Berlín
- ¿ que cómo lo encuentro? Oh, aún lo estoy buscando!

Busco violentamente entre las ruinas
la humanidad y la arquitectura de estuco.
Alguien dice en berlinés : „  ¡ buenas ! “,
entonces creo estar casi sobre la pista
pero de nuevo esa dureza en la cara ...
Berlín, ¿dónde te quedaste? Sí, ¿dónde estabas?

Camino por las calles en mi corazón,
donde a menudo no se encuentra nada, solo un letrero.
En mí, el extraño, perdura la vieja imagen
la ciudad que tantos miles olvidaron.
Deambulo como en un sueño
a través de este paisaje, tiempo y espacio.
Y no sé cómo
con la nostalgia de un tiempo perdido ...

Berlín en primavera. Y Berlín en la nieve.
Mi primer poemario en las librerías.
Los amigos del Café Románico.
¡Cuánto veo que ya no puedo ver!
¡Qué ruidosas piedras de "Pompeya" me hablan!

Ambos nos tragamos nuestra propia medicina,
Pompeya sin pompa. Bonjour, Berlín!

                                Mascha Kalèko

                                Traducción Gema Estudillo

TRAVESÍA, de Lola Andrés.



Travesía, de Lola Andrés
Ed. Contrabando
Colección Marte Poesía
Pról. José Luis Falcó
2016
Valencia

Travesía es una vía de conocimiento a través de la palabra. El deseo de emprender un camino de exploración parte siempre de una pregunta “¿éramos ciegos?, ¿cómo fue capturada la creación?, ¿por dónde entraba el tiempo? ¿cuántas noches cayeron los sonidos? ... Lola Andrés (Valencia, 1961) es una poeta curtida en la palabra y en la abstracción. Premio Gerardo Diego por su poemario en castellano Moléculas y astros (2002) y Alfons el Magnanimun por su poemario Jocs de llum (Ed. Bromera, 2006) en lengua valenciana, firma una extensa producción como creadora y traductora en ambas lenguas.
Travesía parte de la capacidad de asombro y extrañamiento de una criatura, un murciélago. Una criatura sin capacidad visual, ciego y guiado por el instinto del olfato y el oído, que emprende un camino lejos de su bandada. Es una búsqueda esencial y primitiva por lo sensorial. El extraño ser transita por el mundo como Andrés transita por la palabra, apoyada en sus signos (“Signos de partida”) en un deseo de depurarla y liberarla de extraños significantes. La palabra brilla en todo el poemario por su esencialidad, en un lenguaje limpio carente de aristas. Pero no hay conocimiento sin confrontación, en “La matanza”, “El estruendo” o “Adentro” el animal parece perdido, extraviado en un mundo que no comprende. No alcanza a comprender su ser dentro de la bandada ni fuera de ella (“llevas sangre de otro/ y sangre tuya”) o (“avanzábamos a golpes/ de signos/ entonces/ cambiaban los vientos…”). Y por fin, tras la caza, el abatimiento y el reconocimiento de una única certeza, la certeza de que no hay respuesta y de que el único camino es
 “arder
iniciarse de nuevo
oír
la gratitud
…...reconocer
la luz
en los estambres tersos
….
des-
aparecer
en
toda
palabra…”
Es sin duda este poemario un ejercicio de distanciamiento del autor sobre de la voz poética. El intento de “desaparecer” del poema, de desaparecer de la palabra contaminada por el subjetivismo. Andrés se oculta tras esta criatura que percibe la vida a través de otros órganos y que busca y halla la belleza a través de otros signos. Menos humanos, menos visibles pero sin duda, esenciales y eternos. La resignación final de la criatura ante la imposibilidad de alcanzar la luz nos remonta a la etimología de la palabra: “re-signare”, volver a entregarse a aquello que se persigue, al signo, y es en el reconocimiento de esa entrega donde el ser alcanza la plenitud y el entendimiento. Por aquella grieta entra: “sssss…… el viento”. Y acaso también la luz.
                                                                                                                     
                                                                                                                                     Gema Estudillo